Aquel banco de ese parque que comenzó a visitar al sentir en su corazón la soledad, le recordó la historia de amor que vivió años atrás. No correspondido optó por la decisión que en ese momento creyó mejor para él. Sería una ardua tarea, como un combate en la arena, un cuerpo a cuerpo. Su corazón, triste corazón solitario, se vería abocado a permanecer subyugado a la razón de su cabeza, a un deseo cerebral más que pasional. No sería fácil salir airoso de aquel designio que el destino le había deparado. Y solo siguió amando.
sábado, 16 de octubre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
Cantos gregorianos
Alrededor de una gran mesa en la cocina se habían reunido para compartir mate y tortas fritas. A modo de ceremonia se pasaban el mate de mano en mano, mientras se comentaban mil y una anécdotas, reales o imaginarias, qué más daba, si con ello se conseguía arrancar algunas risas. Alguien contaba cómo había sido su visita, pocos meses antes, a un monasterio de monjes y había oido in situ sus cantos gregorianos. Y cómo impresionaba ver esas caras demacradas, emitiendo sonidos, casi vocálicos, de sus gargantas. De repente, un relámpago seguido de un estruendoso trueno apagó la luz de la hacienda. De mi cámara de fotos comenzó a escaparse el sonido de los monjes.
Dedicado a Deos, Electro y demás miembros de la familia y amigos. Gracias!
Mi última carta...
Estoy escribiendo mi última carta de amor para tí. Cuando aún el eco de tu voz resuena en mis oidos, como si de música de hojas mecidas por el viento se tratase, cuando aún siento el tacto de tus manos acariciando mi piel como si de un abanico de plumas estuviera hablando, cuando el brillo de tus ojos se reflejan aún en mi mirada cálida y apasionada como si de una hoguera se prendiese a cada instante, he de decirte adiós. Quizás, con el tiempo, sea un hasta luego. Tal vez, donde hubo fuego quedan rescoldos, pero hoy he de cerrar este capítulo de mi vida y respetar que tú y tu decisión caminen por senderos distintos al que yo transito. Siempre nos quedará.... algún lugar del mundo de mi imaginación en el que volver a encontrarnos.
Eternidad
Parecía fuerte hasta que le tuvo enfrente, y fue entonces, cuando la química que había surgido meses atrás reaccionó. Y sus robustos brazos rodearon el frágil cuerpo de mujer enamorada. Sus miradas delataban sus más íntimos deseos de besarse, acariciarse y amarse hasta el amanecer. La magia del amor les hizo volverse invisibles a los ojos de los demás. Y se siguieron amando hasta la eternidad.
jueves, 14 de octubre de 2010
Corazón de hierro
El frío corazón de hielo lo tornó de hierro para que no se le derritiera con el calor de mi amor. No sabía que con el fuego podría moldearlo a mi antojo en la fragua de mi pasión.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Diferencias irreconciliables
Ella bailaba sobre una mesa. Falda muy corta vaquera, diminuto bikini rojo y zapatos negros de tacón fino. Sus movimientos sensuales incitaban a los muchos ojos que se habían posado sobre ella. Sus manos cubiertas por guantes encarnados, recorrían su bella anatomía. Sobre otra mesa cercana, un chico de desnudo torso modelado en el gimnasio y tatuado estratégicamente, con ajustados pantalones blancos al igual que sus guantes, se contoneaba de manera sensual. La música se ralentizaba. Los movimientos, al ritmo. Ellos cruzaban sus miradas. Sabían que cuando acabaran su actuación, marcharían a casa a resolver sus diferencias irreconciliables.
martes, 12 de octubre de 2010
Un bien muy preciado
Mientras degustaban una taza de buen café, hablaron sobre su vida. Su existencia había sido dura por los diferentes acontecimientos que les había llevado a unirse más, a acompañarse en ese largo sendero que une el nacimiento con la muerte. Rieron de buena gana recordando momentos divertidos y se apretaron el brazo cuando les vino a la memoria la nostalgia de aquellas fiestas en las que se reunían, y tantos que ahora ya no estarán más. Pero sabían que eran unos afortunados. Ellos tenían un bien muy preciado. Quizás, el más de todos. La amistad.
Como caracol
Te abandonó, te dejó tirado, como colilla en cualquier alcantarilla, pero el rastro que dejas por doquier delata tu búsqueda para generar un encuentro.
Bus búho
Ella llevaba semanas esperando esa cita. Por fín, él dió el paso de invitarla a salir. Insistió en recogerla con su coche a la puerta de su trabajo, y ella con ilusión cual colegiala, a pesar de superar la cuarentena, se había arreglado con sus mejores galas. Cenaron en un restaurante de moda y después a bailar. Última copa con deshinibido frenesí en casa de él, fuera de la ciudad. En mitad de la madrugada volvió a casa en el bus búho.
lunes, 11 de octubre de 2010
Sonrisas
Sonrisas, vendo sonrisas! Así lo anunciaba, cuando se dio cuenta de que unos grandes ojos inundados de lágrimas le miraban desde el otro lado de la calle. En aquella acera, un niño no era feliz. Y eso, le contrariaba. No podía permitir que por mera cuestión económica, alguien pudiera no ser dichoso. Y le regaló su sonrisa.
domingo, 10 de octubre de 2010
Palabras
La palabra fue la responsable de que ambos entraran en contacto. Entre multitud de ellas se conocieron y juntos encontraron una que se atrevieron a atravesar, tomados de la mano y con la incógnita de qué era lo que hallarían del otro lado. Una alameda los recibió, el canto de los pájaros los arrullaba junto con el sonido del agua cayendo en aquella cascada. Sobre un lecho de hierba recién cortada se amaron. Atravesaron de vuelta el puente retornando a la realidad de sus vidas. Atrás quedó...
lunes, 29 de marzo de 2010
Aquel barco
Ella estaba allí, de pie, esperando la llegada del barco que llevaba a bordo a su gran amor. Le vió en la cubierta saludándola con la mano. Y ella se estremeció al volverle a ver. Tan apuesto como le recordaba de su último encuentro en aquel velero que los llevó a gozar el uno del otro hasta el extremo de sus fuerzas. Y él volvía para quedarse... para siempre? Tal vez, sólo por un tiempo. Pero fuera lo que fuese que el destino la tenía guardado, ella disfrutaría desde el primer beso que se produjo cuando él aún estaba bajando por la rampa. El la tomó en sus brazos. Ella se dejó hacer y cuando quiso darse cuenta el barco zarpaba con sólo dos pasajeros a bordo.